Cascada de la Cimbarra: ser, estar y parecer.

Cascada de la Cimbarra

Pues la cosa está así: al parecer uno de los numerosos fragmentos en los que se descompuso mi peroné tras mi precipitado descenso de la Aguja Roja de Riglos ha decidido tomarse su tiempo para unirse al resto de mi ser, así que por prescripción médica puedo caminar un máximo de dos o tres kilómetros y en terrenos relativamente llanos. Podríamos decir que mientras ese resto de mi ser comodidad y confortabilidad siguen siendo términos contradictorios y me chincha para que lo lleve a terrenos verticales, o fríos, o alejados… o todo ello a la vez, la condenada lasca del peroné se ha convertido en mi estar, esto es, a poco más de un kilómetro de casa o del coche.

Paisajes capaces de reconciliar a ambos hay pocos, aunque alguno hay. Y, cansado de la disputa, el pasado sábado decidí reunir ser y estar en la Cimbarra de Aldeaquemada, en el Parque Natural de Despeñaperros. Y cuando digo en la Cimbarra quiero decir exactamente eso: no frente o junto a, ni en las inmediaciones de. No, no, EN la cascada. Dentro. Contento el ser por poder pasar un rato bajo una descomunal columna de agua en mitad de un paredón vertical al que se puede acceder – para satisfacción del estar – hasta cojeando y en 1200 metros desde el coche.

Y para no desaprovechar el viaje, hicimos un book completo del salto, incluyendo el segundo intento de foto esférica que traigo al blog – promete el invento – y alguna de postureo asomados al precipicio. Esto último para que tampoco tenga queja el parecer 😉

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