Tranco del Perro y Cinto de las Higueras

Planear una buena ruta tiene algunos puntos en común con la cocina. A mí, sin embargo, no me ha llamado Dios por el camino de los fogones, de manera que si me pidieran que concentrara en un solo plato todos los matices más característicos de la cocina típica serrana juntaría harina con bacalao y choto frito, lo entriparía y lo dejaría secar durante meses para servirlo con guarnición de patatas. Lo más probable es que quien probase el resultado me retirase para siempre la palabra. Sin embargo, si me piden que reúna en una sola ruta los principales atractivos de la Sierra, junto un río salvaje  con una o varias antiguas sendas de herradura, añado verticales acantilados y soledad extrema, y me queda un plato que lo flipas.

Los Villares del Borosa

La anterior combinación de ingredientes podría dar lugar a varios platos, pero uno delicioso sería sin duda el que presento hoy: el río es el Borosa, la senda la que salva el Tranco del Perro. Los acantilados corren de cuenta de los contrafuertes del Banderillas y la sensación de remota soledad es la que se tiene al recorrer los cintos que se sustentan sobre dichos acantilados.

Tranco del Perro y Cinto de las Higueras (2)

En 2013 Laura y yo llegamos tarde a la berrea. Habíamos reservado el primer fin de semana de octubre, así que contábamos con llegar tarde, pero lo íbamos a compensar con una ruta memorable. No demasiado temprano – como es nuestra costumbre – salimos de la Piscifactoría del Borosa. Si en ese momento hubiéramos cerrado los ojos nuestros pies nos habrían guiado hasta las lagunas de Valdeazores sin un solo tropezón. Pero en esta ocasión nos desviamos a la izquierda casi de inmediato para remontar las Malezas de Santiago. El tramo en sí no es que sea muy atractivo, pero aprovechamos para llenar unos cuantos tuppers de madroñas. Ya sabéis, Always look on the bright side of life.

Tranco del Perro

Tras un descanso en los Villares del Borosa seguimos nuestro camino, que en este tramo gana altura suavemente mientras nos adentramos en un paisaje pastoril y bucólico que durará poco, pues tan pronto como nos aproximamos al Collado de Roblehondo todo se hace menos suave, menos bucólico y hasta menos pastoril. El collado marca la divisoria entre dos valles con personalidad propia, el del Aguamulas y el del Borosa. Para nosotros marcaba además la divisoria entre dos mundos: un poco más allá una desvencijada puertezuela nos indica que dejamos atrás los bosques de madroños y las suaves lomas para adentrarnos en un terreno vertical al que accederemos por una senda magistralmente colgada  del abismo, el Tranco del Perro.

Tranco del Perro y Cinto de las Higueras (11)

El Tranco del Perro termina más o menos en el Cenajo de los Robles, desde donde hay paso franco hacia la cima del Banderillas. Pero nosotros no teníamos intención de coronar la montaña, sino de pasearnos colgados de su cintura, y para eso tiene el Banderillas sus cintos. Vistos sobre el mapa o incluso en la distancia, estas franjas de tierra suspendidas entre dos abismos dan la impresión de ser un terreno más o menos suave. Sobre el terreno, por el contrario, la impresión es la de estar caminando por una montaña rusa.

Tranco del Perro y Cinto de las Higueras (16)

La última vez que vinimos por el Cinto de las Higueras nos gustó tanto que nos quedamos a dormir junto al Arroyo de las Nogueras. Sin embargo, no es el caso más grave de síndrome de Stendhal que se ha dado aquí: a alguien debió quedar lo suficientemente impresionado como para levantar y habitar el Cortijo del Haza.

Tranco del Perro y Cinto de las Higueras (18)

Precisamente sobre el cortijo se alza el Picón del Haza, que marca el final del cinto. Llevábamos ya un puñado de horas de ruta y aún faltaba uno de los ingredientes para cocinar el plato: el río. Ni el Salto de los Órganos ni la Cerrada de Elías estaban en su mejor momento, pero hasta escasos de agua merecen ser recorridos los rincones del Borosa. No sé cómo se trasladará esto a la cocina, pero al preparar una ruta es mejor dejar el río salvaje para el final, porque no es lo mismo bajar agotado pero entre magníficas cascadas y estrechas cerradas que hacerlo por un bosque, por muy maduros que estén los madroños.

Tranco del Perro y Cinto de las Higueras (20)

Además, de haber realizado la ruta en sentido inverso, nos habría costado mucho llenar los tuppers de madroñas, porque el día lo habíamos gastado y  llegamos la piscifactoría a boca de oscurecer. Lo cual no supuso, por lo demás, el menor problema… Ya os lo dije al principio, hasta cerrando los ojos nos suben y bajan nuestros pies del Borosa.

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

Be the first to comment

Deja un comentario