Berrea en la Sierra del Pozo: del Molinillo al Calar de Juana

Pateos

Hace años, al describir el Barranco Valentín, decía – sin mucho convencimiento – que el otoño es mi estación preferida. Lo cierto es que cuesta elegir una estación, pero sigo pensando que el otoño es una de las cuatro mejores épocas para andar por el monte. La Sierra sale de su letargo estival y rompe en un estallido de colores, aromas, sonidos… y de vida, en definitiva. Pero centrémonos hoy en los sonidos: en la Sierra de Cazorla el otoño se anuncia por megafonía, con la berrea del ciervo.

Camino de la Yedra

Normalmente para disfrutar del espectáculo nos desplazábamos durante un fin de semana hasta las inmediaciones del Tranco de Beas. Allí nos dedicábamos esencialmente a comer y escuchar venados, andando más bien poco. En 2011, sin embargo, no pudimos contar con un fin de semana completo, por lo que Laura, Torres y yo nos quedamos cerca de casa y planeamos una ruta por las inmediaciones del  valle de la Yedra, uno de los valores seguros si se quiere disfrutar del espectáculo.

Berrea en la Sierra del Pozo - Calar de Juana (9)

Total, que no demasiado temprano salimos del Molinillo y nos dirigimos hacia el Castaño de la Yedra por la senda que bordea la Cerrada de la Herradura.  La idea era movernos hacia las navas cercanas al Calar de Juana, y si había ganas y fuerzas, subir hasta el Calar, de manera que la segunda parada, tras dejar atrás Arroyo Frío, era la casa Forestal del Collado de los Aserradores, donde paramos un rato a tomar algo mientras en la Nava de Don Antonio un solitario macho se desgañitaba.

Ronca del Gamo en la Sierra del Pozo - Nava de Don Antonio

Cuando llegamos a la nava no encontramos al venado que esperábamos. Pero en su lugar, un gamo había reunido un buen harén de hembras. Ocupado como estaba en… bueno, en lo obvio, no le importó dejarse fotografiar antes de que que continuásemos hacia el Calar. Hasta aquí la ruta nos había permitido disfrutar de los sonidos del valle, pero ahora tocaba dejar el valle atrás y disfrutarlo desde arriba.

Subiendo al Calar de Juana, con la Cabrilla al fondo

Esta zona de la Sierra del Pozo es sin duda una de las mejores para observar la fauna silvestre en todo su esplendor. A medida que ganábamos altura empezamos a cruzarnos con los muflones. Aunque éstos, bastante recelosos, no se dejaban fotografiar más que a la carrera. De lo que no queda ni rastro es de aquellas machadas de monteses de las que nos hablan los viejos. Aún no se han repuesto de la sarna que las azotó en los 80, y seguramente por la competencia con el muflón, ahora es más fácil ver monteses en el valle que en las cimas.

Muflón en el Calar de Juana - Sierra del Pozo

La senda que seguimos para subir al Calar es una de las más espectaculares de la Sierra. Desde la Nava de Don Antonio bordea  la cima antes de adentrarse en el valle de Gualay, conectando así los dos valles más significativos del Pozo. Y así, casi sin darnos cuenta, nos habíamos plantado en lo alto del Calar. Aquí había que decidir hacia dónde seguir: por la distancia nos daba lo mismo dar media vuelta que seguir hasta Peña Juana y Puerto Pinillo para volver por la vertiente de Guazalamanco. Pero por el terreno, el cresteo significaba casi con total seguridad llegar sin luz al coche. Lo cual es tanto como decir que no había nada que decidir: fue cresteo, claro.

Del Calar de Juana a Peña Juana

Para cuando alcanzamos la vertiente de Guazalamanco el Sol se ocultaba ya a nuestras espaldas. El espectáculo estaba garantizado, porque pasaríamos por el Collado de las Huesas y el de los Arredraderos con las últimas luces y los tenores aclaraban ya la garganta.

Joven vendado en el collado de las Huesas

Cuando alcanzamos el Collado de los Arredradores el día había acabado. Con la luz del frontal de Torres y la de mi móvil recorrimos los últimos kilómetros  casi siempre por la senda que nos devolvería al Molinillo. Para esa hora los venados bramaban en cada rincón de la sierra, dando lugar a esa sensación única en la que parece que son los valles los que han cobrado vida y pugnan por ser escuchados cada uno por encima de su vecino, retándose y contestándose sin descanso. Y nosotros, como únicos asistentes al concierto, poníamos fin a una jornada memorable.

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