Lavando la Cuerda: Cahorros, Sectores Angélico y Diabólico.

Escalada

¿Os ha pasado alguna vez eso de miraros la mano después de asegurar, o rapelar, y que parezca que habéis estado limpiando la plancha de un chiringuito sin estropajo? En verano nuestras cuerdas suelen tener más mierda que el palo de un gallinero, y al margen de lo poco curioso queda, tampoco conviene dejar que el polvo y la mugre se acumulen en los elementos de seguridad con el roce.

Escalada Cahorros - Sector Diabólico (8)

Si te ha ocurrido y estás pensando mandar la cuerda al servicio técnico de Petzl, Beal o Roca, echa un vistazo antes a las siguientes instrucciones porque en muy pocos pasos te explicaré como solucionarlo por tus propios medios. Bien, el primer paso es el siguiente: coges la cuerda y la lavas. Y ya está (*).

Escalada Cahorros - Sector Diabólico (7)

Una forma divertida de lavar la cuerda es echando la mañana en Cahorros. En nuestro caso, nos fuimos a los sectores del dique, empezando con algunas de las vías  del sector Angélico. En fin, Cahorros en sí es una escuela que tiene bien poco de angelical, pero es cierto que este sector tiene lo que más se parece a vías cercanas a una graduación estándar. Hicimos tres vías de placa de las de adherencia cahorra, que se distingue de la adherencia normal porque da más vértigo mirar hacia arriba y ver dónde está la siguiente chapa que mirar hacia abajo y ver la distancia al suelo. Lo ideal, de hecho, es mirar hacia atrás y saludar a los senderistas que te hacen fotos o esperan que vueles.O comentan el anterior vuelo, según los casos.

Escalada Cahorros - Sector Diabólico (11)

 Ya con las articulaciones calentitas nos fuimos al Diabólico, sector que no necesita demasiadas explicaciones porque el nombre ya da una idea del estilo. Hay que decir que nos quedamos en las vías fáciles. La mañana tocaba a su fin y la idea era no apretar, limitando la emoción a disfrutar de esa  pátina vintage de las chapas que tanto tranquiliza.

Escalada Cahorros - Sector Diabólico (15)

Y llegó la hora de irnos. Como avanzaba antes, la cuerda había estado toda la mañana (y buena parte de las tardes – y algunas mañanas más – del anterior mes) acumulando polvo. Así que para lavarla lo mejor que se nos ocurrió fue rapelar la cascada del dique. En realidad ya se nos había ocurrido algunas veces. Es una de esas cosas que, como escalar el Fraile de Capileira, están tan a la mano que siempre se van dejando para la próxima ocasión. Montamos el rápel y esperamos pacientemente a que el gentío que ocupaba la poza se dispersara – no queríamos caer sobre nadie – y nos pusimos a lavar. Creo que Laura lavó la cuerda un par de veces y yo otras tantas. En plena ola de calor hay pocas cosas que refresquen más que una cascada cayendo sobre ti, así que repetimos la operación hasta asegurarnos de que la cuerda estaba bien limpia. ¡Ah! Por cierto… si alguien encuentra un ocho en la poza sepa que tiene dueño: RAZÓN AQUÍ 😉

 

(*) No está: lávala con agua fría y nada más, no vayas a hacer animaladas como meterla en la lavadora, echarle Norit para que quede suave, etc.

 

 

 

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