Arista Norte del Cartujo (3.152m)

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Ocurre a veces que salen dos hombres, muy temprano, con las mochilas cargadas de ilusiones, hierros y cuerdas, con la sana intención de hacer un poco de deporte, y 15 horas después arrastran su alma dos espectros maldiciendo el deporte que han elegido y buscando alternativas menos dolorosas.

Porque cuando la nieve no está en condiciones todo duele y todo se hace más lento, y entonces hay pactar una tregua con el cuerpo, un alto el fuego que nos permita castigarnos tanto como sea necesario prestando atención únicamente al siguiente paso que vamos a dar. En nuestro caso la tregua duró hasta los Lagunillos de la Virgen. Hasta ahí nuestros cuerpos habían aguantado estoicamente unas 13 horas de pelea con una nieve lamentable, trepadas, y algún que otro paso delicado.  Ya en la bajada pudimos incluso disfrutar con un ojo el del espectáculo de las nubes cubriendo y descubriendo la arista que acabábamos de hacer, mientras el otro ojo permanecía atento a la delicada ladera de los Tajos. Muchas horas de sol y mucha nieve en esa ladera pueden hacer que lo que empezó en ascender una arista acabe en surfear una placa.  Pero de alguna manera debieron comprender nuestras piernas, espaldas y órganos internos (y externos) que desde los Lagunillos al coche ya no había peligros y podían acordarse de la nieve blanda, de la roca dura, de las mochilas pesadas, de los hierros que cargábamos y del viento gélido que empezaba a barrer – como siempre – la Loma de Cauchiles.

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