Cresteando por Sierra Arana.

Una de las actividades más divertidas que se pueden hacer en montaña es caminar por una afilada arista, porque a la incertidumbre de no saber si se caerá – propia de casi cualquier actividad en montaña –  se une la de no saber hacia qué lado. Un análisis precipitado de lo anterior podría llevar al lector a la errónea conclusión de que caminar por crestas es propio de desequilibrados, pero dicho análisis cedería tan pronto como se cayera en la cuenta de que, si algo es necesario para recorrer una arista, es precisamente equilibrio.

El pasado sábado Kike, Gerar y quien os aburre nos fuimos al extremo Norte de Sierra Arana, cerca de Deifontes, a buscar una cresta en la que poner a prueba las capacidades de nuestro oído interno: entre el Peñón del Cuchillo y el Espantabellacos se abre una sucesión de afiladas cresterías perfectas para la práctica del cachareo.

Crestas de Sierra Arana

Porque de eso se trataba: de poner en práctica algunas técnicas que no tenemos excesivamente controladas, en un ambiente relativamente seguro. Ya que nuestra ortodoxia montañera es más espiritual que técnica, decidimos afrontar el sistema de crestas trazando una línea lo más recta y elevada posible y afrontar los pasos de escalada y las zonas más expuestas con la cuerda, practicando con los fisureros, friends, anclajes naturales, etc.

Crestas de Sierra Arana

En resumen: que si llegábamos a un cortado que nos gustaba, lo rapelábamos y luego volvíamos a por el cordino, que no está la vida como para ir abandonando. La idea era practicar algunas de esas técnicas que vale la pena controlar antes de tener que ponerlas en práctica fuera de la zona de confort, y de paso pasar divertirnos y cansarnos lo suficiente como para ganarnos las cervezas.

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