Mirador de Los Carvajales

Un caminante que recorriera las calles del Albayzín podría pensar que es un barrio puesto ahí para que miremos a la Alhambra. Que todo el Albayzín es un mirador cuyo urbanismo fue diseñado con el único propósito de que la Alhambra se colara por sus huecos. El camino de la Historia fue otro, y antes de que la Alhambra adornara la Sabika, sobre la colina enfrentada ya se alzaban la Alcazaba Cadima y el Palacio del Gallo de los Vientos, la Alhambra de los Ziríes. Pero de estos casi no queda hoy más que un recuerdo que ahonda en el misterio de la ciudad, mientras que la Alhambra sigue despistando al caminante, colándose por todos los rincones e impidiéndole  referenciar sus pasos: la fortaleza es siempre la referencia.

Y si en cualquier circunstancia es fácil perderse en el Albayzín, buscando la Placeta de los Carvajales lo es aún más. Este rincón está escondido, custodiado por un laberinto de callejuelas que parecen cobrar vida, reorientándose para evitar que podamos contemplar la silueta de la Alhambra tal y como la miraban los nazaríes. Y es que el premio es ese,  una mirada única: la silueta de la Alhambra tal cual la concibieron los Sultanes Nazaríes. Desde este ángulo no hay ni rastro del Palacio de Carlos V ni de Santa María de la Alhambra, de manera que  la Alhambra, más mora que nunca, corona la Sabika con la misma elegancia con que lo hacía hace 6 siglos.

 

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