Cuevas de Sorbas I: La Cueva del Tesoro

¿Cuantas dimensiones tiene una montaña? Si algo he aprendido después de los suficientes años recorriendo montañas es que siempre, siempre, hay una forma nueva de aproximarnos a ellas. En el anterior reportaje dejamos momentáneamente aparcada la costumbre de subirlas para centrarnos en el descenso, a través de un buen número de rápeles, del Barranco de Lézar.   Poco después de aquél fin de semana de barrancos el Club de Montaña Granada organizó una actividad que nos ofrecía una nueva perspectiva: la montaña desde dentro. Un fin de semana en Sorbas para conocer dos de las cuevas que forman el Karst en Yesos mejor conservado del mundo. Una de esas invitaciones que no hay que rechazar.

Cueva del Tesoro - Sorbas - Karst en Yesos (1)

No puede decirse que fuera, estrictamente, nuestra primera experiencia en cuevas. De hecho, Laura y yo habíamos tenido una breve pero intensa experiencia en este sentido durante la madrugada del anterior Miércoles a Jueves Santo, en el Sacromonte. Así que teníamos más o menos claro lo que cabía esperar de esta nueva dimensión: un ambiente irreal, mágico. Formas que se distorsionan y deforman, bailando con la luz. Una placentera sensación de claustrofobia que casi imperceptiblemente se va convirtiendo en comodidad y termina en confianza plena cuando coges la guitarra que hasta hace dos minutos sostenía un gitano y te pones a tocar El Aire de la Calle.

Con esta o parecida predisposición nos metimos en la Cueva del Tesoro y comenzamos a recorrer los meandros que nos llevarían a las primeras salas. En este primer tramo la dimensión interna de la montaña aún no era sustancialmente distinta a la exterior, y nuestras miradas se dirigían hacia arriba. Pero arriba no había una cima, ni los anclajes de una reunión… ni nada. La luz del frontal alcanza hasta donde alcanza, y a partir de ahí está la oscuridad más absoluta.

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Pero este paisaje se abre pronto y entonces puede uno empezar a comprender qué significa estar en una cueva de cristal. De lo que no estoy tan seguro es de poder describirlo. Esto no es solo otra dimensión, es otro Universo. Y es uno de esos universos divertidos. Invita a jugar con él. Puede jugarse, por ejemplo, a enchufar el frontal a una piedra y darle vida. Quitar el frontal y que la piedra desaparezca. Y sin gintonics, no como en el Sacromonte.

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Pueden recrearse incluso terrores nocturnos. Podemos situarnos entre dos paredes con afiladas cuchillas que se van acercando sin llegar nunca a atravesar nuestra carne. La clave para que no lleguen a herirnos es retirarles la luz: tan pronto como ésta desaparezca, desaparecerán también las cuchillas y el terror. Pero mientras podemos hacernos fotos para el blog.

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Poco a poco vamos cogiéndole el rollo a este Universo: solo hay que manejar bien la luz. Si la retiras a tiempo, las paredes desaparecen, tú  te salvas y puedes avanzar a la siguiente sala. Si te pasas las paredes continuarán acercándose hasta encontrarse y tu pellejo, si sigue entre ambas, quedará inservible para hacer una bota de vino, por ejemplo.
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 Una vez que te haces con el control de las paredes puedes ocuparte de los suelos y los techos. El mecanismo es parecido, la sensación distinta. Si los iluminas, habrá techo y suelo, con lo que podrás seguir avanzando. El problema es que lo que no alcanza la luz no está. Por ejemplo, los pilares, anclajes, contrafuertes o lo que quiera que sustente los grandes bloques que forman los techos.  Esos no están nunca, así que hay que confiar en que están sujetos a algo y puedes arrastrarte entre ellos sin peligro de que caigan sobre ti.

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Pero hay que reconocer que este Universo permite poca libertad de movimientos. Avanzas, retrocedes, o caes. A veces ninguna de estas tres opciones es posible, pero como dije al principio, la sensación de claustrofobia se va convirtiendo en confianza. En paz. En una paz tan intensa que te permite echar una cabezadita cuando, esperando para rapelar, no puedes avanzar ni retroceder.

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Si tienes el control de las paredes, techos y suelos, puedes decir que te has hecho con las leyes físicas que rigen este Universo. A partir de aquí ya solo hay que entregarse en cuerpo y alma a disfrutarlo, recorriéndolo, gateándolo, rapelándolo… pero recordando siempre que en algún lugar está el estrecho agujero de gusano que nos devolverá a nuestro Universo habitual.

Cueva del Tesoro - Sorbas - Karst en Yesos (4)
A este lado del agujero la luz no la controlamos nosotros. Es ella la que manda. Pero ahora que conocemos que hay un Mundo de Cristal solo podemos pensar en volver. Cosa que hicimos al día siguiente. Continuará…

Cueva del Tesoro - Sorbas - Karst en Yesos (2)

 

 

 

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