Una Cruz en el Veleta.

Últimamente se ha estado hablando mucho de subir cosas a las cimas de las montañas y dejarlas allí instaladas. También se ha hablado algo de desinstalar dichas cosas y bajarlas de nuevo. Todo debido a la ilusionante, ponderada y nada polémica iniciativa de colocar 1300 cruces en otras tantas cimas del Sistema Central con la que un grupo de equilibrados proselitistas desea honrar a Dios, sabedores de que los más alejados de la religión caeremos postrados ante la Cruz si la encontramos al final de los pasos que nos llevan a la cima de una montaña. El plan es bueno, pero dejando al margen las evidentes dudas que plantea el hecho de que a nadie, por muy Todopoderoso que sea, pueda agradar la visión del instrumento de tortura sobre el que fue ajusticiado, el hecho es que ya en su día en Granada se planteó una iniciativa, también muy medida y realizable: colocar una Cruz (enorme) en la cima del Veleta para celebrar la entrada en el Siglo XX.

La idea fue del Arzobispo Juan Moreno Manzón, e inicialmente la cima elegida fue el Mulhacén, tal y como recogen César Girón y  Manuel Titos. A decir de estos autores, la cima del Mulhacén fue descartada por sus evidentes connotaciones musulmanas, inclinándose la balanza finalmente por la cima del Veleta, visible además desde la ciudad (como visible iba a ser, ahora os explico, la cruz). Bien, en cuanto al hecho de que finalmente el proyecto contemplara la construcción de una cruz en la cima del Veleta y no del Mulhacén hay que añadir una razón que no contempla ni Girón ni Titos pero que me parece a mí de peso, y es esa irrefrenable tendencia de los granadinos por colocar cosas en lo alto del Picacho.

Proyecto de Cruz en el Veleta

Los granadinos siempre hemos sido muy de adornar el Veleta: una carretera con su túnel en el Corral (en qué estarían pensando…), estaciones terminales de telecabinas o aquello que hay ahora y que nadie sabe bien qué es, son solo algunos ejemplos. Pero volviendo al proyecto del Arzobispado, el arquitecto encargado fue Juan Montserrat, y la idea echó andar el 29 de diciembre de 1899, tal y como recoge El Defensor de Granada. Y ya puestos, no íbamos a contentarnos con una cruz menor:

Se elevará sobre un basamento de planta circular, construido con hormigón y de 8 metros de altura. El basamento será hueco, dejando en su interior una espaciosa sala. La Cruz, que tiene 25 metros de altura midiendo los brazos 12, será de hierro dulce forjado y será calada para ofrecer poca resistencia a los impetuosos vientos que constantemente soplan en aquellas alturas. La altura total del monumento es de 33 metros y su construcción se ha presupuestado por el Sr. Montserrat en cien mil pesetas.

Una cruz en la que se podía vivir. La prensa de la época se volcó con el proyecto, y es comprensible. La idea de una estructura de 33 metros de acero forjado en lo alto del Picacho ilusiona con solo pensarla aún hoy día. Pero no menos cierto que el proyecto inicial adolecía de un defecto que fue advertido ya por algún cronista de la época: con ser encomiable, era en exceso discreto. Así, no tardaron en surgir ideas para mejorarlo:

La obra está tan bien combinada que, si los dispendios lo permiten, podrá fijarse en ella un aparato mecánico de reciente innovación americana, mediante el cual, por efecto de interiores reacciones químicas verificadas en acumuladores dinámicos, sin necesidad de hilos conductores desde Granada y la sierra, se podrían colocar en los brazos de la cruz dos potentes focos de luz, cuyas irradiaciones podrían percibirse a las más remotas distancias desde la costa africana, en alta mar, y desde los más dilatados puntos de España.

Claro que sí… ¡farolillos! Permita Dios que llegue el día en que los dispendios permitan verificar reacciones químicas en acumuladores dinámicos para, sin necesidad de cables, alimentar los focos que convenientemente instalados en los brazos de una cruz como un demonio de grande,  irradien las costas africanas desde el Veleta. Pero ese día no llegó a principios del Siglo XX, como estuvo previsto. El artilugio costaba cien mil pesetas. Salía a unas 3.030 pesetas el metro de cruz y claro, aquello había que pagarlo. La prensa también se puso al lío, contagiando su entusiasmo a los granadinos y a la cristiandad en su conjunto con convincentes argumentos: a este monumento cristiano y patriótico deben contribuir todos los españoles y singularmente los Altos Poderes del Estado. O A la enunciación sola del proyecto parecen reanimarse las cenizas de los Reyes Católicos. Que se sepa nunca ardieron sus cadáveres…

La suscripción popular se inició el 10 de enero. Estaba previsto que las obras se iniciaran en marzo y la inauguración (en la sala interior del basamento, suponemos) sería en julio. Para el verano habría estado el Veleta irradiando las costas africanas y las profundidades de la meseta con su luz… si hubieran llegado los dineros. Pero no llegaron, y finalmente el proyecto tuvo que acomodarse a la realidad: una cruz de dimensiones más modestas y sin acumuladores dinámicos ni potentes focos en los brazos se instaló en el Carmen de los Mártires. El tiempo nos dirá si dividiendo los 33 metros de la Cruz del Veleta entre las 1.300 cruces que planean instalar en las cimas del Sistema Central se conseguirá finalmente el objetivo de… ¿de qué?

Imagen de http://nito-lamurga.blogspot.com.es

 

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

2 Comments

  1. Gran artículo.
    Conmigo funciona el proselitismo cruciano: Yo me encontré una cruz y me volví cristiano, al día siguiente en una tienda de chinos ví un Buda y me volví budista, por la noche ví una media luna y me volví musulman, pero cuando ví el sol naciente me transoformé en sintoista convencido. Pero claro, yo soy de muy facil convencer y cada vez que voy al súper a comprar salgo canturreando. Mercadoooona, mercadoooona.

Deja un comentario