Una tarde en el Barranco de San Juan.

Imagina que se te ha pasado la primavera. Sí, que te despiertas un día en verano y piensas… hostia, ¿y la primavera? Según a qué te dediques, no es improbable que pasen tres meses con sus 92 días delante de tus narices y te des cuenta justo el día 93 de que se te ha pasado el arroz. ¿Podrías rebobinar, salir a buscar la primavera y encontarla?

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Lo primero que tendrías que hacer sería localizar una puerta que te lleve a mayo, porque si vuelves a caer en julio adelantas poco. En Sierra Nevada hay varias. La primavera suele estar en Siete Lagunas, en los Lavaderos de la Reina, en los Lagunillos de la Virgen… allí se queda hasta agosto, dando segundas y terceras oportunidades. Pero todas estas primaveras exigen largas caminatas o, al menos, caminar algo. La primavera del barranco de San Juan exige poco, con localizar la puerta casi lo tenemos hecho. Y para facilitarlo más, hay un Mojón que señala la entrada:

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Tras cruzar la puerta tendremos que caminar algo, no todo van a ser facilidades. Calculo que habrá algo más de un kilómetro hasta donde las flores te esperan, así que paciencia. Las gencianas no se van a ir.

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Una vez estés dentro es importante mantenerte alerta. Ten en cuenta que es una primavera mágica y también hay criaturas abominables. La Grasilla de Sierra Nevada, por ejemplo, intentará atraerte con sus evidentes encantos. ¡No te acerques a ella! No quiere tus besos, quiere tus carnes. Se alimenta de sus amantes y lo hace a la vista de sus futuros amantes. Ni la mires.

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Si consigues sobrevivir a las Grasillas te esperan las Campanillas. De ellas no tienes nada que temer ni que esperar, se dedican solo a estar guapas…

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Si de repente te encuentras con un cielo estrellado a tus pies no te asustes: no estás cayendo de cabeza. Espero. En la primavera mágica de Sierra Nevada las estrellas no te indican el camino. Las Estrellas (de las Nieves)  son el camino. Síguelas.

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Al empezar el post he dicho que podías ir a mayo. Bueno, en realidad puedes graduar la primavera. Tú sigue el curso del arroyo. Hacia arriba está abril, hacia abajo junio. No necesitas más indicaciones.

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Sin ascender demasiado (correrías el riesgo de llegar a febrero), mi consejo es que subas hasta abril, bajes por mayo y luego te tumbes un rato en junio antes de irte. En junio aún hace fresquito y los borreguiles están húmedos pero ya no están completamente encharcados. Es el mes perfecto para dejarse caer y vencer antes de abandonar definitivamente la primavera.

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Aunque yo no me fiaría demasiado de lo que yo os cuente en este blog. También es posible que todo esto de la primavera mágica sea una patraña para camuflar mi vagancia. La realidad podría ser tan sencilla y mundana como que a las 7:00 de la mañana le dijera al despertador que muchas gracias, pero no. Que dejara para otro día los Tajos de la Virgen y después de comer tuviera que apañarme con lo que hay más a mano.  En ese caso, ahí podría estar yo, en la siguiente foto, pensando: ¿Tendré las narices de hacer un post con un pateo de poco más de un kilómetro? ¿Y qué les cuento…?

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