La Silla del Moro

atardecer en la Silla del Moro

La Alhambra es un oasis y como tal, el agua está siempre en el centro. Es frecuente inevitable  caminar por los palacios levantando la mirada desde los alicatados hasta los mocárabes, creyendo admirar el lujo del que vivían rodeados los habitantes de aquellas estancias. Pero esas paredes, columnas, arcos o cúpulas no hacen sino custodiar el bien más preciado de los Nazaríes: el agua.

Silla del Moro y Generalife

Así se explica la existencia de un castillo en el Cerro del Sol: la Silla del Moro, cuya función principal debió ser proteger militarmente el abastecimiento de agua al Generalife y la Alhambra por la Acequia del Sultán. La Silla del Moro, que aún arruinada permaneció durante siglos visible desde la ciudad, es uno de los Palacios Perdidos, la otra Alhambra. Aquella de la que solo nos han llegado las ruinas o testimonios muy lejanos. El Cerro del Sol no es, en realidad, sino uno más de los misterios de la ciudad.

Silla del Moro

Lo cierto es que un castillo arruinado y después restaurado en el Cerro del Sol ya no nos sirve a los granadinos para proteger la Acequia del Sultán. Es harto improbable que a estas alturas los cristianos intenten secarnos el Generalife. Así que le hemos encontrado otra utilidad. Veréis, los granadinos somos muy de mirar al Sol cuando se va, y a lo largo de los siglos hemos llenado la ciudad de buenos oteros para sentarnos a mirar al Sol irse. Visualmente el espectáculo vale la pena en cualquiera de ellos. Pero la Silla del Moro sirve para disfrutarlo en silencio.

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