Encontraremos un camino, y si no lo crearemos.

El valor de un alpinista es inversamente proporcional a la cantidad de material que se lleva. Nada habría podido suceder si alguien no lo hubiera imaginado. Aprovecho estas dos citas de las doscientas o trescientas mil citas inspiradoras de Reinhold Messner para encabezar un post acerca de la forma en que el alpinismo consiste, las más de las veces, en vencer barreras insuperables. El título es una frase atribuida a Anibal antes de atravesar los Alpes de camino a Roma. Me ha parecido que podía dar un toque aún más pretencioso a este post.

El verdadero valor de la montaña, como decía, es encontrar la forma de sobreponerse a las dificultades que encontramos en el camino. Imaginar una forma de avanzar, y avanzar. No es solo una lucha contra la pendiente, los elementos o la hipoxia. Las más de las veces es una lucha interna, contra la conciencia de las propias limitaciones. Se trata, en definitiva, de salir triunfante en la batalla contra uno mismo. Como aquella vez que olvidé los cacharros para cenar.

Haciendo sopa con lo puesto
Teníamos todo lo necesario para hacer sopa a casi 3.000 metros. La sopa, Gallina Blanca. El agua de Siete Lagunas. Un infiernillo, gas, y mucha hambre. Pero ni perol, ni cacerola, ni cazo. Nada. Podíamos comer bocadillo otra vez, esto es cierto. Pero un grupo humano sometido a la tensión de lo extremo no puede comer seco de día y de noche. En estas condiciones los hombres – y las mujeres – comienzan a entregarse a la desconfianza, y el grupo se rompe. Rápidamente empiezan las miradas atravesadas, seguidas de las primeras murmuraciones.: tan difícil era comprobar que iba todo… es que es mejor no encargarle nada… pasa de todo lo que no sea organizar la ruta… De ahí al motín hay un paso pequeño.

Para evitar que una agradable travesía acabe convertida en un infierno por un inocente descuido carente de importancia (en la montaña todo se magnifica), basta con echar un vistazo al material que sí hemos echado y aprovecharlo para hacer sopa. Un bote de agua de boca estrecha y el cartón de una lata de mejillones pueden salvar la cena, la actividad y la amistad.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

AVISO: Esta actividad ha sido realizada por especialistas en circuito cerrado. No intenten dejar el material para la cena en sus casas. Ni siquiera los especialistas fueron capaces de reutilizar el bote de aluminio, a cuya memoria dedicamos esta entrada.

You are not authorized to see this part
Please, insert a valid App IDotherwise your plugin won't work.

2 Comments

Deja un comentario