El Aguilón del Loco

El Aguilón del Loco ya pasó por este blog hace unos años. Pero hoy vuelve como rincón por la sencilla razón de que he estado allí esta mañana y, sentado, mirando al Agreal, he estado pensando en aquél loco, el que da nombre a la cima.

Se trata de una montaña que impone, no tanto por sus 1.956 metros de altitud como por el hecho de que la mayor parte de dichos metros se yerguen directamente sobre la campiña jiennense. Y, principalmente, por cómo se yerguen: encadenando tres cimas a través de una endiablada sucesión de crestas y aristas de las de amor a primera vista. Los Agrios, los llaman.

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Además de una esbelta figura, considerable altitud, y atractivas aristas, el Aguilón del Loco tiene una bonita leyenda. Bueno… bonita tampoco. Una leyenda de esas de gente que muere buscando lo inútil.  La leyenda (que, al parecer, tiene poco de leyenda) cuenta que un loco, viendo cada día salir la Luna por su cima, subió a esperarla una noche. El desventurado fue encontrado días después al pie de una de estas crestas que tan atractivas nos resultan.

Supongo que la moraleja es que cuando uno camina por una arista vale la pena dejarse de pollas y hacer el gamba con mucho cuidado. Pero claro, un final así desluciría un post sobre una montaña que Willkomm habría calificado de romántica y escarpada. Y desde luego no estaría a la altura de una heroicidad como dejarse la vida buscando la Luna. Además, para qué engañarnos: la mayoría de quienes lean esto no van a caminar por una cresta en su puta vida, y los que lo van a hacer ya saben de qué va el tema.

Así que pondremos una segunda moraleja que haga bonito. Diremos, por ejemplo, que la Luna nunca está donde la buscas, sino donde la encuentras. Y que si sales a buscarla, lo que te encuentres, para ti. Dicho lo cual, insisto: si pensáis caminar sobre una arista, no miréis a la Luna. En serio.

 

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