Aguilón del Loco (Villalta), 1956m.

Cuenta la historia que fue un loco, vecino de Quesada, quien rebautizó el Cerro Villalta en un vano intento por capturar la Luna. Viéndola salir noche tras noche sobre aquél cerro, se fue a esperarla a su cima, donde apareció muerto días después.

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Y así es como el Cerro Villalta, que se eleva 1956 metros sobre el nivel del mar, quedó rebautizado como Aguilón del Loco. Pese a lo que podemos leer en muchas referencias bibliográficas, es ésta la cota más elevada de la Sierra de Cazorla, estrictamente considerada.

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Y es que en sentido estricto la Sierra de Cazorla es la alineación montañosa que se extiende entre el Puerto de Tiscar, recorre la Cordillera de los Agrios (el Rayal, el Picón del Guante y Villalta), cae hasta Puerto Lorente y se eleva después hasta la cima del Gilillo. Hay quien considera que tiene su continuación al otro lado del Puerto de las Palomas, en la Sierra de las Villas.

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Sea como fuere, si tomamos como referencia Campocámara, el Villalta tiene una cualidad que destaca sobre otras: se puede salir después de comer del pueblo, llegar en coche hasta la Curva de los Vaqueros, y alcanzar la cima en  poco más de 6 kilómetros para volver tranquilamente antes de que caiga la noche. Siempre que las horas de sol y el estado de la pista, en invierno, no lo impidan.

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La senda que va de la Curva de los Vaqueros a Collado Angosto, al pie del Aguilón, la recorrimos Phoebe y yo una fría – gélida – tarde, cuando el pasado invierno daba sus últimos coletazos. Se trata de una senda deliciosa. Desaparecida en muchos tramos, reaparece, como el Guadiana, a veces como parte del actual camino y otras al margen, como vestigio de la  sierra que fue.

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Caminando sobre estas viejas veredas de paratas sin mortero, perfectamente adaptadas al agreste relieve serrano, uno se pregunta cuánto tardarán en integrarse en las figuras de protección del Parque, como el patrimonio etnológico que son.

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Con estas reflexiones se nos acabó la senda: de Collado Angosto hay que colar al collado gemelo, Collado Travino. Y de ahí al Aguilón es poco más que un salto, para encontrar a nuestros pies la campiña jiennense, para disfrutar de la puesta de sol sobre las agudas cuchillas que siguen la cresta hasta el Picón del Guante y el Rayal, y para echar un vistazo al Guadalquivir en su cuna de la Cañada de las Fuentes, antes de volver sobre nuestros pasos.

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