Otoño en el Barranco Valentín

En otoño mi estación preferida es el otoño. Ocurre que luego llega el invierno, y luego la primavera… y pongo en duda mis convicciones otoñales, y luego las invernales, y así hasta que vuelve el otoño. Pero en lo que a la siguiente ruta interesa, podemos decir que en otoño la sierra está mejor que nunca.
Barranco Valentín - Sierra del Pozo (11)
Y si hay un lugar de la Sierra del Pozo donde disfrutar del otoño, ese lugar es sin lugar a dudas el Barranco Valentín. El Guadalentín, aún sin el título de río y con nombre cristiano – Valentín – recorre un hermoso valle, al pie de la Sierra de la Cabrilla, antes de llegar al Vado de las Carretas. En el Vado – escenario de la batalla en la que los granadinos aplastaron a las tropas de un Rodrigo de Perea impaciente por hacerse con el Hins Qastal (Castril) – recibe las aguas del Arroyo de San Pedro, el título de río y el nombre árabe. Curioso río éste, pues nace luego, cuando se libera del encajonamiento al inicio del valle – hoy inundado – de la Bolera, en Fuente Valentín. Pero esa es otra historia. Hoy recorremos un tramo anterior al nacimiento, al encajonamiento y al bautizo: el Barranco Valentín.
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Y para ello nos reunimos unos cuantos de los de siempre: Torres, Juan Diego, Laura y el que os aburre. La previsión no podía ser más otoñal: teníamos hasta las dos de la tarde, aproximadamente, antes de que la niebla meona se convirtiera en aguacero.
Barranco Valentín - Sierra del Pozo (24)
Con este panorama lo mejor es quitarse presión: el plan era bajar tranquilamente hasta el Caserón de los Bañones (la finca de Laura), buscando guíscanos (buscando, que no encontrando) y recogiendo… lo que diera el monte. Y con la previsión meteorológica como coartada, a las 2 de la tarde estaríamos en el bar del Cabrero, en la Nava de San Pedro, haciendo una cata de licores caseros. Mojando el interior sin menoscabo de nuestra sequedad externa. Total, un planazo.
Barranco Valentín- Sierra del Pozo
Lo de buscar guíscanos quedó en nada. Pusimos todo nuestro empeño, pero no pasaron de la media docena los que cayeron a la bolsa. De manera que a medio día pudimos concentrarnos en dar cuenta del almuerzo a las puertas del viejo caserón de los Bañones, inexplicablemente arruinado o dejado arruinar. El edificio perteneció, junto con toda la finca que lo rodea, a una familia de madereros de Huéscar y está enclavado en uno de los rincones más impresionantes de la sierra. La vista de los Poyos de la Carilarga desde la escalinata que da acceso al recinto es una joya paisajística.
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Acabado el almuerzo nos cargamos de nuevo las mochilas para volver sobre nuestros pasos (no salimos por el Vado de las Carretas) hacia Fuente Acero, ya con la lluvia amenazando. Mientras nos retirábamos, la niebla envolvía los Poyos de la Carilarga dando un aspecto fantasmagórico al aceral que cubre la ladera hasta el barranco. El espectáculo de la bruma abrazando a la montaña hipnotiza. Invita detener el tiempo y permanecer en el momento y en el lugar. Pero esa virtud también la tienen la lumbre y los licores del Cabrero…

Curiosidad: El Barranco Valentín marca la divisoria natural entre la Sierra de Castril y la del Pozo. Hacia los Poyos de la Carilarga se inician los contrafuertes que dan origen a la majestuosa Sierra de la Cabrilla, ya en Castril, mientras que a este lado del arroyo  los Caballos de Fuente Acero y Poyo Manquillo son el último bastión de la Sierra del Pozo.

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