Una mañana entre Quebrantahuesos (Hacking en Castril)

La mañana no ha hecho más que insinuarse cuando el Free Lander de Juan Diego cambia el asfalto por la pista de tierra que se dirige al nacimiento del río Castril. El solo hecho de pensar en las chorreras rompiendo el paredón y originando este bello río nos invita a replantearnos el plan del que promete ser un caluroso día, pero hoy nuestro objetivo está en un valle secundario. No bien hemos abandonado la pista principal, Blimunda – una de nuestras anfitrionas – parece venir a recibirnos. Rápidamente bajamos del coche y hacemos las primeras fotos, muy de lejos. El animal vuela lenta y pesadamente trazando amplios círculos, cada vez más cerca del valle y más lejos de nuestros objetivos, cuando vemos venir un coche de la Fundación Gypaetus. Son los encargados del control de predadores, que nos animan a acercarnos al campamento para seguir de cerca las evoluciones de Blimunda, Huescar y Hortelano. Hemos venido a ver quebrantahuesos y la mañana no puede empezar mejor.
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La Fundación Gypaetus trabaja desde hace 10 años en la reintroducción del quebrantahuesos en Andalucía. Esta necrófaga, que dominó gran parte de los cielos andaluces a principios del siglo XX, se extinguió por completo en la región con la muerte del último ejemplar, “el Solitario”, en la Sierra de Cazorla en 1986. Solamente veinte años después los gypaetus barbatus ya volaban de nuevo sobre estas sierras, gracias al esfuerzo de gente como Enrique (técnico de Gypaetus) o Fernando (voluntario en el hacking), a los que encontramos en el campameto acompañados de Antonio, un pastor con el que hemos coincidido más de una vez por el Agüero Alto, subiendo a Empanadas y en otras rutas por la Sierra de Castril.
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Precisamente la presencia allí de Antonio interesándose por las evoluciones de los tres pollos es uno de los éxitos que puede apuntarse Gypaetus. Mucho ha cambiado el panorama desde aquel nefasto 2008 en que el programa se quedó sin hembras en libertad. Cazorla murió precisamente envenenada por un pastor en estas sierras castrileñas. Sin embargo Antonio, que conoce a cada ejemplar por su nombre, pregunta ahora a Enrique si han comido las patas que tienen en los cebaderos, si han entrado a la carroña que les han preparado… asomándose de vez en cuando al telescopio para ver de cerca el comportamiento de los pollos. Cuando lo vemos partir en busca de su ganado tenemos claro que por su parte los quebrantahuesos son bien recibidos.
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Nosotros seguimos asediando con nuestras preguntas a Enrique y Fernando, que pacientemente responden a cada una de nuestras dudas e incluso nos animan a preguntar más. Mientras, Hortelano sale por fin de la cueva, deleitándonos con un corto vuelo que lo lleva a un posadero cercano. El pollo no tiene ganas de abandonar su hogar. Y es que en eso consiste el hacking: en introducir los pollos de quebrantahuesos en una cueva semanas antes de que sean capaces de volar, para que lleguen a identificar esta cavidad como su lugar de nacimiento, su hogar. De esta forma, luego, cuando alcancen la madurez reproductora, volverán a casa para formar una familia. Y desde que son liberados hasta que abandonan el valle para emprender los largos viajes que caracterizan la etapa de “dispersión” – y que los lleva a visitar montañas tan lejanas como las pirenaicas -, la gente de Gypaetus monitoriza cada uno de los movimientos e interacciones de los pollos.
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De momento no parece que Huescar, Blimunda u Hortelano vayan a emprender un largo viaje. No hoy, desde luego. Blimunda, que como nos cuentan, llegaba de pasar la noche fuera cuando la vimos sobrevolarnos, se encuentra posada sobre unos peñascos frente a la cueva. Huescar se ha puesto a la sombra y desde nuestra posición es imposible verla, mientras que Hortelano sigue en su posadero, a escasos metros de la cueva. Aprovecho para preguntar cuando esperan que haya crías nacidas en libertad, pero la respuesta no es muy alentadora. Teniendo en cuenta que en 2008 se perdieron las hembras, calculan que aún pueden tardar unos 7 años en empezar a criar. Bueno, pero esa es la teoría. Siempre cabe la posibilidad de que uno de los machos se eche novia en uno de sus viajes, o que se ligue a una hembra que pase por aquí. Enrique es optimista, y él es el que controla el tema, así que nosotros también somos optimistas: pueden ser 7 años o pueden ser menos, pero está claro que los hijos de estos quebrantas sobrevolarán el valle donde liberaron a sus padres.
En este lapso de inactividad llega Gregorio, otro pastor, para interesarse tanto por los pollos como por Enrique y Fernando. Mira, ¿quieres ver a Blimunda? Se ve perfectamente en el telescopio. Gregorio acepta la invitación de Fernando y plantea, a su vez, sus dudas, esta vez acerca de la alimentación. Blimunda parece estar pelando una pata de ciervo y a Gregorio le interesa saber si le quitan la piel para comerlas o si las comen tal cual. Parece ser que según tengan el día hacen una cosa o la contraria. Mientras Hortelano emprende el vuelo… para volver a la cueva. Parece que el calor no va con él.
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De repente las dos hembras, una tras otra, levantan el vuelo y ganan algo de altura. El motivo es un intruso que ha entrado al valle: un buitre leonado. Sacamos las cámaras y nos ponemos a disparar, pero tenemos tres aves y tres sombras que seguir y nos cuesta un horrores enfocar. El buitre, cansado de la persecución, se posa sobre una piedra, hecho que parece no gustar a Huescar. Trata de aterrizar cerca del leonado, pero, según Enrique, las alas venían sin manual de instrucciones y solo después de 3 intentos consigue parar su vuelo, torpemente y varios metros bajo el posadero del buitre. Pero en tierra sí parece defenderse bien: paso a paso avanza hasta situarse junto al intruso, y cuando lo ha conseguido… zas!!! Lo derriba de un aletazo. Enrique anota: Buitre 0 – 1 Huescar. Está claro que han venido para quedarse, ya defienden su hogar.
Nosotros, como el buitre, abandonamos el valle contentos. Contentos por haber pasado una mañana viendo como estos tres nuevos serranos se desenvuelven en el que ya es su hogar. Por ver que… bueno, probablemente el buitre no, pero el resto de habitantes de la sierra están entusiasmados con sus nuevos vecinos. Contentos por haber aprendido mucho acerca de los quebrantahuesos, de la mano de la gente de Gypaetus – esta capacidad didáctica será sin duda una de las claves del éxito del programa – y contentos porque sin duda este ha sido solo el primero de muchos encuentros con Huescar, Blimunda y Hortelano… si se decide a salir de la cueva!

IMPORTANTE: Puedes colaborar con Gypaetus informando de tus avistamientos de los pollos liberados. Sigue el enlace para aprender a identificarlos.

Para saber más:
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