la Manzanilla de Sierra Nevada (artemisa granatensis)

            Cuentan que hubo un tiempo en que fue tan abundante que no faltaba en ninguna casa de la Alpujarra ni en cortijo alguno de Sierra Nevada. Los serranos le atribuyeron propiedades curativas, casi mágicas, y la intensa explotación a que fue sometida la llevó al borde de la extinción. Puede decirse que es uno de los pocos casos en que el aprovechamiento tradicional es el principal factor de amenaza, pero lo que ha llevado a la Manzanilla Real – o Manzanilla de Sierra Nevada – al borde de la extinción ha sido principalmente la recolección con fines domésticos (si bien fue objeto de comercio, parece que éste no pasó de ser un comercio también doméstico, no organizado). Estos excesos fueron ya advertidos por botánicos como Ed. Boissier, descubridor de la artemisa, o M. Willkomnt, que confirmaría la cita años más tarde. Sin embargo no fue hasta algo más de un siglo después cuando la situación – ya crítica – de la manzanilla mereció la protección legal de la especie. Y claro, la recuperación es lenta, porque, si bien un paciente en estado crítico puede morir o recuperarse, incluso con sorprendente rapidez, una población en peligro crítico de extinción solo puede extinguirse, o recuperarse con exasperante lentitud y con todo tipo de dificultades.


            Y en el capítulo de dificultades podemos señalar unas cuantas: además de los derivados de la propia naturaleza de la especie, su hábitat y el hecho de ser parte de la dieta de herbívoros salvajes y domésticos, no parece que haya desaparecido totalmente el aprovechamiento tradicional de la manzanilla, seguramente por una cierta falta de sensibilización por parte de las autoridades encargadas de proteger la especie. Llama la atención en este sentido la famosa sentencia “del Pastor de la Manzanilla”, en la que un pastor que portaba 190gr. de artemisa fue finalmente absuelto ya que, según la sentencia, no había nada que le indujera a pensar que la manzanilla que consumía no debiera consumirse. 

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       La sentencia, al margen de una rareza jurídica en la que se aprecia – de forma muy excepcional en nuestro Ordenamiento Jurídico – el error de hecho, representa un verdadero tirón de orejas a unas autoridades que no se molestaron en explicar a los principales recolectores de manzanilla que su actividad había sido prohibida, en explicar los verdaderos efectos y propiedades de la manzanilla o darles remedios alternativos y de similar eficacia. Probablemente de esa forma se habrían ganado unos buenos aliados en la protección de esta especie, pero en lugar de eso, la Administración se limitó, una vez más, a esperar que los pastores de Sierra Nevada se enteraran por el BOE o el BOJA de la protección de la manzanilla.
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       Bueno, y todo este rollo viene a que, tras algunos años ya pateando por las cimas de Sierra Nevada, hace unos días, mientras cruzábamos de este a oeste la sierra en cuatro días de travesía, casi siempre por encima de los 3000 metros de altitud, tuve la suerte de encontrarme, por primera vez, con dos matas de artemisa granatensis. La primera reacción fue alegrarme, claro está. Pero reflexionando un poco…  cuatro días de travesía, fijándome, buscando la planta, del Alhorí a Echevarría. Y todo lo que he visto han sido dos pies de artemisa. Lo dicho, si se recupera, lo hace con exasperante lentitud.
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