Ascensión al Cerro del Buitre (2021m.)

A este lado de la Sierra (del lado en el que se sitúan localidades como Campocámara, Campocebas o el Almicerán) el Buitre es con mucho la cima más significativa de la Sierra de la Cabrilla.  Sus 2021 metros de altitud quedan a la sombra de cotas como Empanadas o los Altos de la Cabrilla, pero observado desde mi pueblo, la silueta aislada e imponente del Cerro del Buitre destaca sobre las cotas vecinas.
En esta ocasión Simón y yo salimos temprano, como tantas otras mañanas, con la idea de volver al pueblo a la hora de comer, así que las primeras luces del día nos alcanzaron ya en el camino que lleva al Cortijo de los Quemados. Poco más arriba, al pie del Picón de Laude, dejamos el coche para comenzar a caminar.
Para Simón no era ni mucho menos la primera vez en ascender esas laderas, aunque probablemente si era la más cómoda: casi todas las anteriores habían tenido durante agotadoras jornadas de caza, persiguiendo a las esquivas perdices cabrilleras.
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De manera que Simón tampoco esta vez escatimó en historias ocurridas sobre el terreno que pisábamos. Historias de partidas de caza que persiguen perdices – con poco éxito, no hay más que ver el terreno y las enormes posibilidades de huida que tienen aquí las aves – para terminar por comprar un borrego con el que gastar el vino, por ejemplo.
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Pero también historias de nuestros mayores – los de Simón y los míos -. De nuestros tíos Dámaso y Chato, que venían hará 50 años, en época de reclamo, con las mulas cargadas de pájaros y munición para pasar varios días echando el puesto. Sin duda esta cima está vinculada al pasado de mi pueblo, cuando la gente no venía a la sierra solo a patear, pero venían, y pateaban. Aún hoy puede apreciarse ese pasado en forma de precarios puestos para cazar la perdiz, diseminados aquí y allí, por las laderas de esta sierra. Algunos de ellos aún son utilizados por la gente de Castril, con el mismo fin que antaño.
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Y así, recordando esas viejas historias, nos plantamos aquella mañana en la cima. Foto de rigor y una breve asomada para ver el pueblo desde estas alturas. Después ya solo descender y, como está mandado, a la hora de la cerveza estábamos en el bar del Bolas.
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